Estamos ingresando al pico de la crisis. Por Pablo Tigani

Nota de opinión
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Según el analista, las malas decisiones que se tomaron desde el 10 de diciembre de 2015 fueron aumentadas y estimuladas por las recetas de la tecnocracia del FMI en 2018, aquella que después de destruir nuestra economía en 2001 pidió disculpas.

Para mantener el dólar en $45 hasta el 11 de agosto, el BCRA se vio obligado a vender reservas precipitando la hecatombe que escalara en los últimos treinta días. Antes de las PASO el ataque de pánico estaba a la vuelta de la esquina. Es que el BCRA pudo frenar el precio en $45, pero nunca pudo aplacar la demanda de dólares. Con exportadores amigos que no liquidan y no le tienen miedo a las sanciones, no se necesitan enemigos. El BCRA solo gasta reservas.

Si todo va bien, el año apunta a mostrar una caída promedio del orden de -3%. En un contexto de PBI y comercio mundial en baja, por allí no está la salida. No se puede contar con un repunte del consumo público ya que la política fiscal ahora es contractiva, por el compromiso de consolidación fiscal con el FMI.

Aunque el consumo privado que explica más del 65% de la demanda agregada, deje de caer, con un salario real que se hundió 20% y el crédito que se contrae, la incertidumbre sobre el rumbo de la Argentina crece como una bola de nieve. El Gobierno no puede aumentar su gasto en inversión, y la capacidad ociosa de la industria impide que este sector incremente la capacidad productiva.

Tenemos un conocido que trabaja en una institución que organiza coloquios. A veces nos preguntamos: “¿Es coherente prejuzgar y perderse de escuchar cientistas, cuando luego escuchan al presidente Mauricio Macri y a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal sobre el mismo tema?”. El fracaso del Presidente nos condujo nuevamente al peronismo. Señor empresario que contribuye y sostiene la reunión anual del coloquio: “Esa te la debe”.

No fueron pocos los que le pidieron a Macri que se baje y deje a Vidal. Hoy “no sucedieron” los dos, y peligra Rodríguez Larreta. El presidente se llevó puestos a todos. Siempre fue narcisista, pero en 2019 marcó un récord. Leímos los comentarios de Stiglitz y Krugman, pero no nos imaginamos lo que diría Sigmund Freud de lo que hizo Cambiemos en la Argentina. El Socialismo K hizo crecer el PBI 80%, 90% el consumo y la Bolsa voló. ¿No habrán hecho el trabajo que le confiaron a Macri, Néstor y Cristina?

No les pesa haber mentido tanto. Por eso, los bancos, inversionistas y el FMI, quieren hablar con Fernández o sus colaboradores. Macri fue esta semana a despedirse del Fondo como la gente educada. A decir que cumplió con las metas fiscales y monetarias, a “quedar bien”. Como si eso fuera posible.

Las agencias de rating le bajaron la nota a los títulos emitidos por su administración, a SD (selective default), que significa que un país no puede hacer frente a todas sus deudas. Ellos nunca pagan, pero para mucha gente lucen simpáticos como los bribones de la película: “El golpe”. Nos dicen: “Y, son empresarios”. Como si tuvieran una licencia para defaultear deudas privadas y públicas.

Redrado reveló que el Presidente ordenó soltar el dólar diciendo: “Que aprendan a votar”. No tienen que aprender a votar, ni quedaron enojados los que ganaron el 11 de agosto. Hubo algo llamado “elecciones PASO” y, ganó Fernández. Eso sí, muchos estaban hartos de derrochar cordialidad y paciencia. Todo lo que podía salir bien o mal, salió mal.

Lo preocupante es la coyuntura. La gente está perdiéndolo todo. Cambiemos le llamaba subsidio a la inversión social, pero su Gobierno subsiste por duplicar esta inversión, la única que creció. Frente a una inflación de casi 60% en 12 meses, los niveles salariales quedaron lejos. Desde siempre escucho repetir que si aumentan los salarios cae el empleo. Hoy está claro que se derrumba el empleo, y no tiene nada que ver con aumentar el salario. Algo han hecho, pésimamente mal.

La ortodoxia monetaria ha demostrado nuevamente no funcionar para bajar la inflación argentina. Llevamos un año haciendo los deberes y ahora la chicana es: “Esto funciona más adelante, hay que mantenerlo”. La capacidad prestable de las entidades financieras depende del comportamiento de los depósitos y de la política monetaria del BCRA. El BCRA estuvo absorbiendo pesos, aumentando el stock de Leliq y contrajo el crédito. Como la demanda de dinero fue cayendo, también cayó el crédito al sector privado. Las empresas ya no pueden más.

ORTO-HETERODOXIA

Es una tragedia que en cuatro años de gobierno neoliberal, no hayan probado con políticas fiscales neoliberales. El Gobierno mezcló herramientas contractivas y expansivas al mismo tiempo. Créditos ANSES con recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, refinanciación de deudas impositivas, eliminación de derechos de exportación para PYMES exportadoras. Ataques de amateurismo heterodoxo, apoyados con manuales ortodoxos de “hágalo mal”. Nunca me sentí tan bien acerca de mi ignorancia, con respecto a la erudición de los macroeconomistas expertos que votaron y apoyaron a Macri a muerte.

Las medidas desesperadas ampliaron el déficit fiscal que va de recibir al próximo presidente, con la furibunda emisión de Leliq ya altísima, que proyecta exponencialmente el déficit cuasi fiscal. Todo lo cual fue subiendo el riesgo país y luego lo descerrajó. El riesgo país lo corrigió al alza, un departamento del mismo banco que le prestó en exceso a la Argentina. Los banqueros solían ser cuerdos…

De nuevo estamos en “Path dependence”, procesos sociales prolongados que pueden devenir incrementales, porque involucran cadenas que pueden significar hipótesis más fuertes. O‘Donnell teorizó sobre los tecnócratas y la necesidad de contextos autoritarios. El autoritarismo burocrático desde el Estado es el régimen ideal para la tecnocracia del FMI, pero viene el peronismo… La tradicional despolitización y dominio de lo económico-financiero del FMI, requeriría un régimen que controle a la población por la fuerza. Eso no va a suceder. Hubo mucho absolutismo macrista y “palos Bullrich”, pero eso comienza a revertirse. Macri está afuera.

Las malas decisiones que se tomaron desde el 10 de diciembre de 2015 fueron aumentadas y estimuladas por las recetas de la tecnocracia del FMI en 2018, aquella que después de destruir nuestra economía en 2001 pidió disculpas. En aquel contexto de debilidad política (2001) Stiglitz sospechaba que en la Argentina se estaba haciendo un ensayo de nuevas ideas para enfrentar nuevas crisis financieras. Ann Krueger -quien acaba de relinchar- luego escribiría: “Un nuevo enfoque de la reestructuración de la deuda soberana” (2002).

Una crisis -tomado de la psicología- es un estado temporal de trastorno y desorganización-. El deterioro que se inicia el 10 de diciembre de 2015 con devaluación, caída del PBI y disparada inflacionaria, se extiende en 2016, retoma en 2018 y, 2019 deviene caótico.

Estamos ingresando al pico de la crisis. A las derivaciones sociales reales que está adquiriendo este período, se suman las macroeconómicas y la impericia política. Las decisiones economicistas de 2018 debilitaron más a este Gobierno, extenuándolo con cada cambio de presidente de BCRA. Los dos exponentes monetaristas, y el mesadinerista, aceleraron la dinámica de la crisis global (financiera-social-política); luego el Presidente haciendo la plancha, dirige la economía directamente al colapso.

La solución de la crisis llegará de la mano de la reconstitución de la política y sus instituciones, como en 2002. Esta nueva demostración de la importancia del liderazgo político no significa que el neoliberalismo vaya a desaparecer, ni que los intentos de introducir reformas neoliberales por parte del FMI y los conservadores-autoritarios, grupos sociales, factores de poder y aún sectores del electorado simpatizantes de ese tipo de reformas económicas mengüen. Nuevamente han entrado en crisis los instrumentos y la tecnocracia del FMI.

La experiencia FMI-Cambiemos fue una expresión más del sistemático fracaso del modelo neoliberal en la Argentina. Ni Acción por la Republica, ni Recrear con buenos caudales de votos continuaron su periplo político. Sucumbieron. Hoy la realidad abruma a más de 5.000 ejecutivos en el sector público que están buscando empleo, muchos funcionarios de alto rango se esfumaron y, los que están a cargo no saben de que disfrazarse.

Único y primer gabinete de ganadores de licitaciones y CEOs. No llegaron al poder por sus competencias técnicas o académicas. Unos llegaron desde su acumulación de recursos en el mundo de los negocios y, otros como premio casa matriz al “tesorero de lujo argentino”. Algo nuevo observamos con la administración Macri: en lugar de despolitizarse completamente, esta vez intentaron utilizar la política como elemento de construcción de una nueva hegemonía que hoy se resquebraja.

Sin embargo se concentró la ganancia en un grupete que se cansó de ganar dinero: las entidades financieras, las empresas energéticas privadas, las concesionarias de servicios, las cerealeras y las mineras deben representar, por lo menos, la mitad de las utilidades del país. La influencia corporativa ha demostrado su poder en la Argentina.

Cambiemos fue una tentativa por reconstruir el neoliberalismo desde un lugar sucedáneo al de la tecnocracia, aunque con diferencias de matices, marcharon en la misma dirección. No sabemos aún a qué velocidad se aproxima el estallido, pero se trata de un fenómeno que a priori abruma. No encontramos una palabra que forme parte de la jerga académica para definir esta experiencia, sin caer en alusiones erróneas o irónicas.

(*) Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, Profesor de Maestrías, Conferencista y consultor internacional. Presidente de HACER www.hacer.com.ar , autor de 6 libros, con: “2001, FMI, Tecnocracia y Crisis”.


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